Contar historias no es contar mentiras.
Es transmitir conceptos a través de sensaciones. De emociones. Es poner los pelos de punta.

Y casi siempre, esto se consigue simplemente con un concepto. Una idea aparentemente inofensiva, pero que nos dispara al centro de nuestro cerebro, mostrándonos algo que ahora parece evidente, pero que antes no habíamos visto.

El storytelling es la chispa de la vida. Caperucita venciendo al lobo con la inteligencia en lugar de la fuerza. No mientas, que te crece la nariz, como a Pinocho. Y la cigarra a la que sorprendió el invierno por no ser previsora. Historias que cuentan un relato, pero que nos enseñan mucho más. 

Así de sencillo es el storytelling: un relato al servicio de una idea.